domingo, 10 de junio de 2012

Laos: tubing y algo más...

Por Felipe


Llegamos a Laos y desde la frontera se siente como lo que es: uno de los 40 países más pobres del mundo. La VISA italiana nos salió 36 dólares. Salía 35 pero te cobran un dólar más si pasás la frontera después de las 4 pm. La uruguaya sale 30, pero igual usamos el pasaporte italiano para estar seguros de no tener lío porque es el que venimos usando en todo el viaje… A esa altura estábamos tan acostumbrados a regatear todos los precios que casi regateamos la VISA: “35? Nooo, no me podés cobrar eso, acá hay malaria, no seas malo… mirá que sino me voy a Burma…”. Al final no lo hicimos, estábamos cansados por el viaje jeje

Cruzamos la frontera por Huay Xai y emprendimos viaje a Luang Prabang, a casi 500 km. En Laos se maneja por la derecha, por lo que volvimos a este lado de la calle después de Australia, Indonesia y Tailandia. En un viaje de 13 horas en un bus cuyos asientos eran tamaño asiático, los cuales no se recostaban más que 45 grados y además el camino era entre montañas por lo que nos movíamos de un lado hacia el otro, fue imposible dormir!  

En la primer tarde en Luang Prabang alquilamos unas bicis, las cuales salían 10.000 kips (1 dólar aprox 8.000 kips). Dicen que si pedías con frenos salían más caras jeje. El viaje en bici tuvo bárbaro, paseamos por la ciudad que es chica y los alrededores. En el camino nos encontramos con unas argentinas que conocimos en la frontera y con las cuales buscamos guest house juntos.



Cymaco repuestos en Laos

Cymaco.. qué quilombo!
Motos en todos lados, hasta arriba de los buses!
El centro de la ciudad es una península que queda entre el río Mekong y el río Nam Khan, el segundo nace del primero. Esta península es protegida por la UNESCO. Laos fue colonia francesa, por lo que hay mucha influencia de la arquitectura francesa.

A la noche, como no podía faltar, night market. Muy pintoresco y muy barato comparado con Tailandia. Lo que estaba increíble era la comida por ahí, no solo lo oriental sino algunas opciones occidentales. Te arman unas baguettes por dos mangos que son enormes y excelentes. Otro punto alto son los shakes, tanto de fruta como de oreo (Gracias Caroline por la recomendación!), tremendos! Vendían también tortas de decenas de gustos. En fin, nos partimos la boca jej

Atardecer en el Río Mekong
Con las argentinas haciendo la V de Victoria, lo que hacen los asiáticos en las fotos
Al día siguiente fuimos a unas cataratas que quedan a una hora de la ciudad. Fuimos en tuk tuk y como siempre hay que pelear el precio porque al principio te quieren fajar. Las cataratas son muy lindas y se puede nadar, además de tirarse de unas sogas colgadas en un árbol. Pasamos tres horas ahí.





Osos
Los tuk-tuk, versión Laos. En uno de esos fuimos a las cataratas



A la noche salimos. Nos habían dicho que había que salir temprano y era así, a las 11.30 el lugar cerró, un desastre!

Al día siguiente a la mañana nos fuimos a Vang Vieng, uno de los puntos más fuertes de joda en el sudeste asiático. El viaje fueron 6 horas con la versión laoense de Michael Schumacher, aunque con una minivan y entre las montañas. Con las curvas que pegaba más el calor que hacía porque unos alemanes cerraban la ventana por el polvito que entraba, hacían como 35 grados adentro, me vinieron ganas de vomitar. Agarré una bolsa y le pedí a los alemanes que abran la ventana. Estuvo cerca jeje. Al llegar un alemán le preguntó al chofer cuántas camionetas compraban por año jeje, el palo que le daba era muy zarpado!

La vista desde la puerta del cuarto de la guest house
Las calles de Vang Vieng

Antes de venir al sudeste asiático hablamos con distintos amigos para recibir recomendaciones y una amiga canadiense, Evelyn, nos dijo que no vayamos a Vang Vieng porque no tiene nada que ver con Asia. Al final vinimos porque nos gusta un poquito la joda, pero lo que dice Evelyn es totalmente cierto: Vang Vieng es puro europeo, australiano, yanquees, canadienses más algún otro de fiesta, prácticamente sin ningún contacto con la cultura del país. La decisión de venir o no es de cada uno, nosotros queríamos joda también y tenemos tiempo suficiente para meternos en la cultura en otros destinos. Pero igual remarco, lo que dice Evelyn es cierto y por momentos lo que se ve es grotesco.

Vang Vieng es famoso por el “tubing”, que es básicamente que uno alquila un gomón y va por el río y al costado del mismo hay bares desde donde te tirán una soga y te invitan shots y hay juegos y demás. Es una locuraaa! A la noche hay bares que tan muy buenos.

Al rato de llegar y encontrar guest house salimos a dar una vuelta y nos encontramos con las argentinas que habíamos visto en Luang Prabang. Ellas venían del tubing y fuimos a comer todos juntos. Nos contaron sus historias sobre el tubing. Dicen que al principio era asqueroso y que no le entendían la onda, los animadores (todos gringos) todos muy mamados y chupaneándose entre sí, sea hombre-mujer, mujer-mujer, hombre-hombre y cualquier combinación que se les ocurra de a más de 2 personas… En una parece que uno de ellos estaba hablando con el micrófono organizando un juego y agarró y chivó, y al toque viene otro flaco y se lo chuponea… sí sí, un asco! Desagradable! Grotesco! Igual dicen que no todo es así y que terminó siendo muy divertido.

La misma noche que llegamos fuimos a un boliche; en un momento estaba haciendo cola para comprar un trago en una barra y de repente siento un líquido calentito en mis piernas, me doy vuelta y veo a un flaco dado vuelta de alcohol y drogas que estaba meando. Le empujé y casi lo mato, por suerte no paso a mayores porque el flaco era uno de los animadores que trabajan ahí (el trabajo consiste en mamarse todos los días y noches…) y si se armaba ellos eran muchos. Me fui a bañar de una y re quemado jeje

Al día siguiente fuimos al tubing. Al toque de llegar empezamos a jugar en los distintos juegos, algunos tranquilos y otros no tantos. Veíamos que todos los animadores tenían pintados insultos para un tal “Matt Bennet” y la CNN, por lo que preguntamos quién era. Parece que es un periodista que hizo un artículo sobre Vang Vieng y salió también un informe en la CNN.

El artículo es cierto en algunas cosas y errado en otras. Es verdad que uno acá puede encontrar distintos tipos de drogas, pero a mí no me quema porque creo que consumirlas o no depende de uno. Con el concepto de Bennet, Montevideo y cualquier ciudad del mundo también serían un desastre, porque en Montevideo uno camina un par de cuadras en cualquier sentido y puede encontrar pasta base, pero depende de uno buscarla y consumirla o no. Y en Vang Vieng es lo mismo, hay de todo y se ven mucha gente hecha pedazos, pero también se ve gente bien (o no tan mal) y uno puede pasar por este paraíso fiestero con algo de conciencia y por ende sin lesiones, o con algunas mínimas nomás…


Uno de los bares del Tubing
Santi con unos nenes



Nos hicimos amigos de un grupo de aussies que andaban con una alemana, la cual era muy linda y divertida. En una estábamos bailando y se tira un eructo al mejor estilo Homero Simpson y la miro y me dice “I´m such a princess…” (soy toda una princesa) jeje, me maté de risa.

Durante esa tarde vimos a una periodista y un camarógrafo haciendo un informe, el cual salío en canal 9 de Australia y Santi y yo salimos (Ver al minuto 3:51 aprox, ahí aparece Santi dos veces, antes y después de una chica, y en el 8:17 salgo yo). El informe es sobre la locura del lugar, aunque yo creo que es muy sensacionalista. Habla de los fallecimientos de unos chicos australianos que mamados hasta las patas tuvieron accidentes mortales. Para mí es como tomar y manejar; en este caso tomar y “manejar” el tubing en un río con mucha corriente es riesgoso también. Y tirarse donde hay piedras también, pero los que fallecieron estaban todos muy mamados y por ende pierden la razón… Nosotros fuimos, algo creo que tomamos, pero no hicimos pelotudeces y pasamos sin lesiones ni nada… Ahí dejo el link al video...

Check out this great MSN video - Death in Paradise


Otro día fuimos a unas cuevas y Santi encontró otro lugar para tirarse desde alturas...



Después de otro día de tubing y alguna que otra noche, nos fuimos en un viaje de 30 horas a Hanoi, capital de Vietnam. En el camino pasamos por Vientiane, la capital de Laos. Contrario a mis expectativas, lo poco que vi me pareció muy lindo, aunque no es realidad del resto del país.

Laos fue corto en nuestra agenda de viaje (6 días nomás), pero nos divirtió!

Saludos!


jueves, 19 de abril de 2012

TAILANDIA PARTE 3: CHIANG MAI

Por Felipe

Después de la locura de Bangkok nos fuimos a Chiang Mai, al norte de Tailandia, la cual es la ciudad más importante del norte. El viaje fue en night bus, por lo que nos ahorramos el hotel. El bus estaba ok y se pudo dormir algo, a pesar de ser tamaño asiático. Salimos a las 21 hs y llegamos a las 6.

Chiang Mai es una ciudad universitaria y en lo que refiere al turismo es famosa por la ciudad en sí y también por la diversidad de opciones de turismo aventura y cursos de masajes y cocina thai principalmente. El primer día, luego de almorzar, nos dedicamos a buscar distintas opciones de tours para probar algo de eso. Terminamos reservando un tour en el que había trekking, rafting y paseo en elefante. Luego de eso recorrimos un poco la ciudad, que básicamente tiene dos partes; la ciudad vieja dentro de una muralla que solamente quedan unas partes de ella (construida hace aproximadamente 700 años para defenderse de los ataques de Burma) y la ciudad nueva afuera de la misma. Recorrimos también los principales templos de la ciudad, que quedan dentro de la ciudad vieja.






Monje laburando




Panqueques, muy buenos!
A la noche recorrimos el night market que está bueno, aunque después de casi un mes en Tailandia terminan siendo las mismas cosas en todos lados jeje, aunque el mercado taba bueno, siempre los mercados nocturnos tienen algo especial para mi gusto.


El segundo día hicimos el tour. Nos pasaron a buscar temprano y arrancamos viaje. Éramos 12: una pareja de alemanes de nuestra edad, un yanquee de 30 y pico, una india y una tailandesa estudiantes de turismo, nosotros dos y 5 chinos. La gente en general buena onda, aunque los chinos naturalmente se separaban. En un momento Santi le preguntó al yanquee qué hacía y resulta que el loco es “satellite tracker”, más o menos jeje. Igualito a nuestros trabajos en Australia…

El tour estuvo bueno aunque algo trucho también. Al principio nos llevaron a una granja de orquídeas… una truchada! 3 flores locas y unas mariposas… Después fuimos a ver las tribus “long neck” pero nosotros no entramos porque nuestro paquete no lo incluía. Igual no nos perdimos de mucho según los alemanes y el yanquee, dicen que está re armado para el turismo y para vender. Dejo una foto de internet para mostrar qué es…


Luego anduvimos un rato en elefante.




Reclama comida

Después nos dieron el almuerzo que estaba incluido y era un pad thai que estaba muy bueno. Después hicimos el trekking que duró una hora aprox y llegamos a unas cataratitas que estaban bien y era perfecto para descansar un poco ya que hacía muuuuucho calor.



Para cruzar el rio
Terminamos con el rafting que por mi parte fue la razón por la cual quise hacer todo este tour. Estuvo bien, no fue tan agitado pero nunca lo había hecho antes así que me gustó. Por otro lado fue algo choreo porque nos dijeron que era una hora de rafting y con suerte fueron 35 minutos… Al final nos llevaron a conocer otra tribu, el guía nos habló un cacho pero lo único que se veía eran puestos de artesanías jeje, cualquier excusa para tratar de vender.

Esa noche salimos a tomar algo con Lucho y María (la pareja de argentinos que habíamos conocido al principio de Tailandia y nos encontramos en Bangkok) y nos terminamos acostando tarde, por lo que al día siguiente nos levantamos tarde y no hicimos mucho más que buscar precios para irnos a Laos.

Lucho jugando con el ninio
A la noche fuimos a un mercado que hay los domingos que atraviesa gran parte de la ciudad vieja, algo así como 10 cuadras, era enorme! Había de todo menos videntes, porque Santi quería que le leyeran el futuro pero no encontró a nadie jeje

Musica en vivo

El último día a la mañana yo hice Bungy Jump. Está increíble, es muy rápido pero es una ráfaga de adrenalina. Valió la pena. 



50 metros de altura
El laguito abajo
 A la tarde fuimos a un templo que queda arriba de una montaña. El templo está bueno, aunque después de haber visto varios templos parecen todos iguales jeje. Lo mejor fue la vista de toda la ciudad desde la cima de la montaña


La gente no le hace caso a los carteles..


En la última noche, antes de partir a Laos, me di un Thai Massage. Me habían dicho que por momentos te tiran mucho. Es tal cual, te tiran para un lado, pal otro, pero ta bueno, muy relajante y cuando te tiran te estiran los músculos recién masajeados. El masaje me lo dio una veterana. Cuando iba a pagar me dijeron que me sentara y me dieron un té… me quedé tomando té con 5 masajistas todas veteranas, me agarraron de nieto jeje. No me pude dar el foot massage que me dijeron que está bárbaro pero resulta que tenía algunos cortes en los pies (chancletas más patas de rana buceando). Ya habrá oportunidad en otro país.

A la mañana siguiente partimos viaje a Laos. Camino a la frontera pasamos por Chiang Rai y paramos 20 minutos en el White Temple, que es la principal atracción de esta ciudad.






Después de eso nos fuimos a la frontera, cruzamos para Laos…

El ultimo Pad Thai??
Laos al otro lado del rio
Saludos!!

jueves, 29 de marzo de 2012

TAILANDIA PARTE 2: BANGKOK

Por Santiago

Llegamos a la capital de Tailandia después de dos horas de ferry y diez de ómnibus. Después de buscar un rato conseguimos alojamiento en una guesthouse en una “soi” a pocos metros de Khao San Road (o mejor dicho, Caos San Road) por 400 bhats la habitación, con ventilador y baño compartido. (1 dólar = aprox. 30 bhats)  “Soi” se le llama a las calles angostas que salen de cada calle grande, y KSR es una calle de unas cinco cuadras que es el centro de la zona backpacker de la ciudad. Esta calle tiene actividad las 24 horas del día y en ella se puede encontrar de todo: venta de ropa y souvenirs, restoranes, bares, puestitos vendiendo comida tailandesa (buenísimo el Pad Thai en esos!), locales de masajes que llegan hasta la calle misma, taxistas y conductores de tuk-tuk buscando clientes, tipos ofreciendo ping – pong shows (más adelante hablaré sobre esto) y como en muchas otras partes de la ciudad, tipos bien vestidos que a cada paso te ofrecen hacerte un traje en una de las cientos de sastrerías que abundan en Bangkok. Todo esto condimentado con un mundo de turistas y, después de las doce de la noche, un montón de “ladyboys” (travestis).

Khao San Road
Esa noche fuimos a un bar  con Teresa, Clara y  Almu , tres españolas que conocimos esperando el ferry para salir de Kho Tao y que eran muy buena onda. Clara y Almu  habían venido por pocas semanas, aprovechando la licencia de sus trabajos y Teresa recién estaba en el principio de un viaje de seis meses alrededor del mundo, o al menos buena parte de él, para lo cual renunció a su trabajo en España. En el bar la música estaba a un volumen extremadamente alto, que dificultaba la conversación. Ahí me enteré que no era el único al que el volumen de la música en los restoranes o bares en Tailandia le parece una locura, ya que las españolas tenían la misma opinión. La ponen como si fuera un boliche, no importa la hora.


Al otro día fuimos a un mercado que está sólo sábados y domingos, que es enorme y donde venden de todo. Fuimos en tuk – tuk, que en su versión tailandesa, es un carro muy colorido, montado a lo que creo que es una moto, pero con dos ruedas atrás. Los conductores siempre te tiran un precio altísimo (después descubrimos que son mucho más caros que los taxis) que se puede regatear pero sigue siendo caro. Pero tenés la opción de que te lleven gratis o por poca plata, pero con “paradas”. Estas paradas son por lo general en lugares donde hacen trajes, o en joyerías. Si aceptás, tenés que entrar y hacer como que estás interesado en comprar algo. El conductor te espera afuera (si tenés suerte) y te lleva a tu destino, o a la próxima parada, depende del arreglo. Por cada persona que llevan, los conductores reciben vales de nafta. En ese primer viaje paramos en una sastrería pero casi no nos esforzamos en pretender que queríamos comprar algo, porque nos parecía ridículo. Hablamos un poco con los vendedores y al rato se dieron cuenta que no compraríamos nada y nos fuimos. El viaje en tuk – tuk está excelente, ya que es abierto, va rápido, y se mete en lugares donde los autos no pueden.

Finalmente llegamos al mercado, donde venden ropa, pasando por flores y comida, hasta perros, loros, peces y gallos. Probamos el agua de coco, que no nos gustó y comimos algo ahí. En un momento íbamos caminando y Felipe me toca y me dice “Santi!”, y al mirar alrededor veo que todo el mundo estaba como congelado y en silencio, como si alguien hubiera apretado un botón de “pausa”. Los únicos que nos movíamos y hablábamos éramos nosotros. Nos quedamos quietos y entendimos lo que pasaba. Se escuchaba una música y una señora que estaba cerca nuestro cantaba, lo que nos hizo acordar que habíamos leído que en Tailandia es común que en ciertos lugares y a ciertas horas pasen el himno o la canción del Rey y todos paran de hacer lo que estaban haciendo.

Cuando salimos del mercado, empezamos a caminar para buscar un taxi o tuk – tuk que nos llevara de vuelta a Khao San Road, cuando de repente pasamos frente a una obra en construcción donde una mujer nos para y nos invita a “entrar” a un evento que se desarrollaba al aire libre, casi en la vereda. Nos dijo que había “free beer” y nos miramos con desconfianza. Después de pensarlo un poco entramos.

En el evento había una banda de tailandeses imitadores de los Beatles. La mayoría de la gente que había eran tailandeses de más de 65 años.. Tomamos una cerveza, mientras nos traían comida muy rica. Se nos acaba la cerveza y dudamos en ir a buscar otra porque ya nos veíamos teniendo que pagar la cuenta de la comida y las cervezas al final. Ahí fue cuando nos ven con los vasos vacíos y nos dicen si queremos más cerveza, por lo que comienzo a pararme para ir a buscar más, a lo que la mujer que nos había invitado a entrar me grita que me siente, y que ella me traía. A los pocos minutos apareció con dos vasos llenos de Heineken.

El resto de la tarde noche nos pasamos tomando y comiendo gratis, escuchando a los “Thai Beatles”, que eran excelentes imitadores. En un momento los más veteranos se fueron y quedamos nosotros con un par de tailandesas que eran amigas de la que nos ofrecía todo, una pareja de españoles muy divertidos y que chupaban como locos, y unas inglesas que cayeron después y que al principio eran tan incrédulas como nosotros. Resulta que la obra en construcción va a ser un shopping y que estos eventos son para acercar a la gente al mismo, y los harán por lo menos hasta la inauguración. A eso de las diez de la noche Paul, John, George y Ringo se cansaron de tocar, por lo que terminó el evento. Después terminamos yendo a un boliche con las tailandesas y los españoles. Realmente Bangkok nos recibió excelentemente, y lo que empezó como una ida al mercado, terminó siendo una noche tremenda y gratis.

De izquierda a derecha: la organizadora que nos invitó las "free beers", la española,  Felipe, una que trabajaba ahí y el español

"Los Beatles"
Al día siguiente caminamos mucho y llegamos a una zona céntrica donde hay cuatro shoppings enormes. Tres de ellos se llaman “Siam”; uno “Center”, otro “Discovery” y el otro “Paragon”. Estos tres tienen tiendas como Louis Vuitton, Cartier, Gucci, entre muchas otras. En frente de estos está el MBK, que ese día no entramos, pero que vende cosas truchas. Entre medio pasa el “skytrain”, un tren elevado que recorre gran parte de la ciudad.




Después de recorrer un rato los shoppings nos fuimos en búsqueda de un bar en la azotea de un edificio muy alto que sabíamos que existía por la película “Hangover 2” y por la guía Lonely Planet. Creo que hay varios, pero nosotros terminamos en uno que queda en un piso 59. Ahí arriba hay un restorán y un bar, los que tienen código de vestimenta. Nosotros estábamos de bermuda y chancletas, ya que habíamos salido temprano a caminar. Pensamos que no podríamos entrar, pero nos dieron pantalones y zapatos y pasamos.

La vista de esa enorme ciudad es impresionante. Muchos rascacielos y luces por todos lados. Estaba lleno de gente muy bien vestida cenando, ya que eran las ocho de la noche. Nosotros habíamos ido con la idea de tomar una cerveza al menos, pero al ver que los precios eran cinco veces más altos que 59 pisos más abajo, dimos una vuelta, apreciamos la vista un rato y nos retiramos sin haber gastado un centavo. Salimos y nos tomamos un taxi de vuelta al caos donde vivíamos; el viaje de ocho kilómetros costó 80 bhats, una ganga!

Al día siguiente nos tomamos otro taxi hasta la embajada de Vietnam, para sacar la visa. A diferencia del resto de los países a los que fuimos o iremos, no tiene Visa On Arrival. Al ser lunes, el taxi demoró más del doble que la noche anterior al volver del bar, que queda bastante cerca de la embajada. Jamás vi embotellamiento más grande que los que vi en Bangkok; estuvimos una hora para recorrer 8 kilómetros.


Después del papeleo y de pagar 1800 bhats nos tomamos el subte hasta Chinatown, donde fuimos a un templo budista (son muy lindos pero ya nos tienen un poco hartos los templos, por lo que estamos pensando abstenernos de entrar a ninguno más hasta Angkor Wat) y después al centro del barrio. Es la Chinatown más grande e impresionante en la que estuve. Enormes carteles de neón en chino cuelgan de altos edificios en una calle ancha y muy transitada, mientras que en las perpendiculares hay cientos de puestos que venden sobre todo comestibles, y una marea de gente, entre locales y turistas. Al igual que muchos mercados que visitamos, Chinatown es un desafío a los sentidos, sobre todo el olfato. Hay una mezcla de olores fuertes, desde  el de pescado, hasta el del incienso. A mi me gustó mucho Chinatown, ya que a veces está bueno sentir ese desorden y ruido. Khao San Road también tiene eso pero es por y para el turismo, mientras que lo de Chinatown es más real, ya que la gran mayoría de la gente que había eran chinos o tailandeses, comprando o vendiendo, dentro de sus rutinas.


Chinatown


Esa noche nos quedamos en Khao San Road, donde conocimos a tres uruguayas, Pilar, Noelia y Majo, que estaban en los últimos días de su viaje de dos meses por Tailandia. Después de hablar mucho y tomar varias cervezas, nos llevaron a comer lo que ellas consideran el mejor Pad Thai de Tailandia, en un puesto en un extremo de KSR. La verdad que era excelente, y desde ese día en adelante comimos al menos una vez por día el Pad Thai de esos puestos callejeros. Además de estar muy bueno, es barato (de 25 a 50 bhats, depende si tiene alguna carne, si tiene huevo, o si es solo verduras), rápido y limpio, y esto lo digo porque vimos cómo se hace. Después nos encontramos con Lucho y María y nos quedamos todos tomando cerveza y charlando hasta tarde.

Era el final de un día increíble que simboliza lo que ha sido el viaje por Asia hasta ahora: visitar lugares que nunca pensamos que conoceríamos a la vez que conocemos gente interesante casi sin esfuerzo, con quien compartimos anécdotas, historias de viaje y planes. No es que intentemos buscar gente, sino que sin saber bien cómo terminamos compartiendo un par de días con personas nuevas, con quienes a veces nos volvemos a cruzar en otro lado, o a quienes después sólo vemos en Facebook pero formarán parte del recuerdo del viaje. Algunos estuvieron en Australia o Nueva Zelanda trabajando como nosotros, otros renunciaron a sus trabajos en plena crisis económica en su país para irse a dar la vuelta al mundo como Teresa, otros están de licencia de sus trabajos como las uruguayas pero lo que une a todos es la pasión por viajar, conociendo lugares y personas nuevas

Al día siguiente planeamos ir a recorrer un templo muy grande y colorido y a ver dos budas, el parado y el acostado, ambos dorados y de varios metros de largo. Cuando estábamos caminando hacia el templo, conocimos a dos personajes que nos llevarían por un camino peligroso y casi sin retorno: Amparo y Javiera, dos chilenas diabólicas, que lo primero que nos dijeron fue “acompáñennos a un ping pong show hoy!”. Pasamos el día con ellas, yendo al templo y a los budas, mientras escuchábamos sus ruegos para que las acompañáramos porque les daba miedo ir solas. Nosotros habíamos decidido no ir a uno de los shows, porque no nos interesaba y nos parecía desagradable, inmoral e incompatible con nuestra intachable condición de caballeros pero después de escuchar sus constantes quejas accedimos, cometiendo un error que casi nos cuesta la vida. 







Para los que no saben, un ping pong show consiste en varias “señoritas” que realizan distintos trucos con la vagina, y se llaman así porque uno de los clásicos involucra pelotas de ping pong.

Llegamos al área donde están todos los lugares donde se va a ver los shows, y tras rechazar varios porque eran más caros de lo que queríamos pagar, aceptamos entrar a uno en el que sólo debíamos comprar una cerveza chica cada uno (100 bhats). Aclaramos esto mil veces con el tipo, para estar seguros y no tener ninguna sorpresa que significara pagar más que eso. El tipo nos juró que no tendríamos que pagar más que eso, por lo que entramos.

Sin entrar en detalles, el show es una de las cosas más bizarras que vi en mi vida, pero sinceramente me esperaba algo más impresionante. Igual, supongo que como en casi todo, la calidad depende del precio. Hay shows que salen 600 bhats que se supone son “mejores”, por decirlo de alguna manera.

Después de estar un rato adentro, notamos que cada vez que un grupo de personas se acercaba a la “caja” para pagar e irse, había un pequeño tumulto y discusión entre ellos y las cuatro o cinco mujeres que cobran (no son las mismas que hacen el show!), aunque no llegaba a escándalo. En uno de esos el Gato se acerca para ver qué pasaba y una de las mujeres lo aleja, como para que no se metiera ni viera qué pasaba. En ese momento nos dimos cuenta que la salida no sería fácil. Decidimos tener los 400 bhats juntos, de antemano, para pagar a irnos lo más rápido posible.

Cuando se fue el grupo que estaba discutiendo, nos dicen a nosotros que paguemos. Vamos hacia donde estaban las mujeres y vemos una “cuenta” (un papelito escrito a lapicera) que decía 6400 bhats!!! Les decimos que no, que habíamos dejado bien en claro que no pagaríamos más de 100 cada uno. Nos bajaron la cuenta a 4000 bhats, pero seguimos diciendo que no. En ese momento se armó un quilombo legendario. Ellas cinco gritaban y empujaban exigiendo plata, nosotros gritábamos arriba de ellas que nos estaban cagando y que no pagaríamos más que 400, mientras subían la música para que el resto de la gente no escuchara lo que sucedía. En eso saco los 400 bhats y los pongo arriba de la mesa, esperando que eso calmara las fieras, pero no, seguían gritando, empujando, clavándonos las uñas, en fin, actuando muy agresivamente.

Nos siguieron bajando el monto pero nosotros cuatro seguimos firmes en nuestra negativa. Ellas se iban alterando cada vez más, el griterío aumentaba y en eso la que parecía la líder, con unos ojos “celestes” de mirada realmente psicótica, agarra el celular y me grita “I will call the mafia!”, a lo que le contesto que llamara a quien quisiera, pero que no pagaríamos más. La mina sigue repitiendo eso y el Gato le dice “I will call the Tourist Policy”, frase que después que pasó el momento nos hace cagar de risa. Primero porque no creo que haya nada menos intimidatorio que la policía turística, y segundo porque en el fervor de la pelea, dijo “policy” en vez de “police”.

Lo único que queríamos era irnos, pero la puerta estaba cerrada y con gente bloqueando el paso. Si realmente caía la mafia estábamos muertos jeje. Al final, nos dicen que pagáramos 400 bhats, y aunque era mejor que 6400, yo seguía diciendo que no. Me dicen que querían 400, lo que nos habían dicho abajo, pero yo le decía que ya les había pagado, cuando había dejado la plata en la mesa en frente a la líder. Ahí se enfurece y me grita que a quién le había pagado, que a ella no le había dado nada y que llamaría a la mafia. Yo no podía creer que fuera tan mentirosa y buena actriz, y veo al Gato que saca 400 bhats y se los da. No entendía nada y no podía creer que mis compañeros se estuvieran rindiendo tan cerca del final. Entre gritos, música alta y amenazas de llamar a Superman y los Cazafantasmas, Javi me dice que ella había agarrado la plata que yo pensé le había dado a la loca, y que se la había dado a Felipe, para que no quedara boyando en la mesa y desapareciera. Ahí entendí, y entre más gritos, empujones e insultos nos abrieron la puerta y salimos.

Una vez abajo no podíamos creer lo que habíamos vivido los cinco minutos anteriores, agradecimos que hubiera terminado y nos cagamos de risa por un largo rato. Felipe contó lo de la “tourist policy”, ya que arriba era muy difícil escucharnos, y nos reímos más.

Entre los cuatro llegamos a la conclusión de que la gran mayoría de la gente, cuando ven la altísima cuenta, se quejan, discuten un poco, las locas le bajan el monto, tal vez discuten un poco más, le bajan otro tanto, pero terminan pagando mucho más de lo convenido anteriormente. Ese es el modus operandi del lugar. Pero las minas se ve que no esperaban encontrarse con cuatro “sudacas” dispuestos a morir acribillados por la “mafia” tailandesa antes que pagar un bhat más, por eso resultó en esa batalla campal que ninguno de los cuatro jamás olvidará. Un rato después nos tomamos un taxi que nos llevara a KSR, lejos de las locas y la mafia.


El día siguiente lo pasamos con las chilenas dando un par de vueltas por la ciudad, hablando de nuestra épica victoria de la noche anterior y recorrimos el shopping de cosas truchas. Esa misma noche nos fuimos a la terminal de ómnibus de Bangkok (debe ser el doble de grande que el aeropuerto de Carrasco!), para partir hacia Chiang Mai, en el norte de Tailandia. Ese fue el útimo de nuestros seis días en Bangkok, que no es tan loca como la muestran en “Hangover 2”, pero que sin dudas no está muy lejos.. 


Javiera y Amparo, "las chilenas diabólicas" con Felipe